“Septiembre, 1973. Santiago de Chile. El recién estrenado sol de la mañana se filtraba a través del único y altísimo ventanuco de la estancia; sus barrotes y el vaivén que aún conservaba el cuerpo sin vida le proporcionaban la materia prima necesaria para aquel macabro juego de sombras.El suelo, que algún día estuvo compuesto por baldosas rojizas, parecía ahora un mapa en relieve. Las paredes desconchadas y amarillentas estaban copadas de escritos, muchos de ellos ilegibles. En un lado de la celda había un catre del que se podían ver colgando por abajo gran parte de los muelles del somier. En el centro, una mesa de tres patas y arriba una lámpara recia de color grisáceo que la reclusa había utilizado para llevar a cabo su plan de inmolación. Dos fundas de almohada fueron suficientes para atarlas a su cuello y, al empujar la mesa con los pies, la hija adoptiva de Isaac Newton haría el resto.”
Con Cara de Búho



