Solemos visitar la comarca de la Axarquía siempre que tenemos unos días libres. Este puente de todos los santos -o Halloween, ¿por qué no?- no se nos podía escapar. Buen tiempo, espetos, paseos, playa -que no baño- y todo el buen rollo que el Sur desprende y que Olga y yo abrazamos normalmente con todas nuestras fuerzas.
Aparcamos el coche en la sexta planta del siempre complicado parking de la calle Tejón y Rodriguez. Nos esperaba la habitual ronda por los bares de la capital de la Costa del Sol. Tan habitual como embriagadora. Tan asidua como cautivadora. Tan repetida como ansiada. Esta vez, en cualquier caso, teníamos una parada adicional: Yo pretendía añadir una estación más a mi recorrido con aromas de papel, visitando una de las
mejores librerías de Málaga, a juzgar por las reseñas de internet. El señor Google nos guiaba hacia el local elegido, cuando la buena temperatura y la hora que ya teníamos, nos aconsejó una parada técnica para saborear la primera caña de cerveza del día. Decidimos apagar temporalmente el móvil y, serpenteando por las callejas del centro, topamos con Mapas y Compañía, casi sin saber por qué. Creo que el destino nos llevó hasta la más fantástica librería que he visto y cuya visita, curiosamente, había desechado previamente por su temática. La sobriedad de la fachada y la entrada, junto con el intrigante interior, que se adivinaba entre los reflejos de sus escaparates, nos decidió finalmente.
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