Cambiar el mundo, tu mundo, mi mundo, nuestro mundo.
Hay una frase que tengo en
mi biografía de esta web y la tengo que escribir aquí de nuevo. Es una frase que me ha guiado casi siempre.
Desde mi exigua posición dentro del mundo de la cultura, con ayuda del enormemente pequeño altavoz que me proporcionan la tinta y el papel, me veo en la obligación moral y aún más, diría que necesito, trabajar en favor de los ideales que me mueven. Anhelo el cambio del mundo y quiero aportar un minúsculo grano de arena para llevarlo a cabo. Según la RAE, la
definición exacta es: “Principio de igualdad de derechos de la mujer y el hombre”. Me declaro feminista, pues.
Me cuesta pensar que hay personas hoy que no tienen el anhelo de ver a las mujeres de igual a igual.
Me cuesta escuchar los discursos copiados, literalmente copiados, de voces de mitad de otro siglo.
Me cuesta contemplar a mujeres, a pobres y a indefensos, todos ellos indefensos.
Me cuesta observar cómo el sistema ampara y alienta según qué prácticas de obscena aritmética parlamentaria que algunos utilizan en aras de conseguir el poder.
Pero sobre todo me cuesta ver a personas de la calle, a ciudadanos, a compañeros de trabajo e incluso a amigos y familiares —quiero pensar que llevados en volandas por la masa y con una importante falta de meditación— que hacen suyas tesis que en ningún caso estaban en su lista de prioridades hace escasos diez minutos.
Y la frase. “Sé el cambio que querrías ver en tu mundo”, de Mahatma Ghandi.