Librería Diógenes en Alcalá de Henares
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octubre 15, 2019
«Si quiere que sus hijos sean brillantes, léales cuentos de hadas. Si quiere que sean aún más brillantes, léales aún más cuentos de hadas».
Mi barrio. Al volver a casa decidí pasarme por una librería modesta pero con sabor a siempre. El sugerente nombre me trasladó a aquella increíble obra de
Michael Ende que nos hizo reflexionar cuando muchos no sabíamos reflexionar aún. El diseño detallista, limpio y minimalista del pequeño local me provocó una sensación acogedora de inicio. Sus paredes blancas refugiaban, a partes iguales, libros y citas célebres. Estaba dividido en dos partes bien diferenciadas; a la derecha libros y novelas; a la izquierda, diccionarios, cuentos y material escolar.
En la breve cola que estaba formada para pagar, delante de mí, se encontraba un joven de unos quince años con una lista de a compra de un tamaño nada desdeñable. Ocurrieron varias cosas dignas de reseña con él. La primera fue que, única y sorprendentemente, quería adquirir material escolar, de papelería. «Olé por ti, chaval, por no ir al bazar asiático para tal compra», pensé. La segunda fue que la persona que le atendió, Montse, le proporcionó todo lo que necesitaba; y lo que no pudo, lo apuntó cuidadosamente para pedirlo y tenerlo allí para él en dos días, el viernes tarde. «Olé por ti, Montse.En mi época la frase era “eso no lo trabajamos” y a otra cosa”. La tercera tuvo que ver con la escueta conversación entre ambos, en las que intercambiaban información sobre los profesores que le habían correspondido al chico en el naciente curso. Resultaron ser amigos y resultó que la maestra que nombraron había dado clase en algún momento a mis dos hijos también. Me correspondió el turno y tras hacerle una pequeña alusión a la profesora en cuestión, y según me explicó, su propio hijo y el mío eran íntimos amigos y ambos habían estado juntos esa misma tarde.
En neverending no disponen de muchos títulos, por razón obvias de espacio. En neverending disponen de todos los títulos, en dos días. Nos emplazamos a una eventual nueva visita para tratar tranquilamente la posibilidad de dejar ejemplares de mi próximo libro allí para su venta.
En resumen, aquella fue una bonita y agradable experiencia, teñida de sorpresa, tradición y literatura.
Compré “El día que se perdió el amor”, de
Javier Castillo.
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Neverending